Escuchando, Observando y Valorando a Honduras

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Oír no es lo mismo que escuchar. Ver no es lo mismo que observar ni tener es lo mismo que valorar. Estas tres premisas son las que han hecho la diferencia en mis caminatas mañaneras por San Pedro Sula, la ciudad más flagelada por la opinión internacional en cuanto a sus niveles de criminalidad, pero mejor posicionada en cuanto a PIB a nivel nacional.

Muchas veces, cuando las noticias me abruman, o comienzo a sentir cansada mi pasión por la tierra que me vió nacer, me tomo un tiempo temprano por la mañana y camino por las calles de esta mi ciudad. En estas calles sobran las buenas noticias porque están llenas de gente trabajadora, que todos los días se esfuerza por hacer bien las cosas, por sacar adelante a su familia, educar a sus hijos, abrirse campo como micro empresario.

Observo rostros de gente que quiere, que lucha, que se esfuerza por día a día dar lo mejor de sí, por día a día comenzar de nuevo. Todo sin pensar que ese comienzo ha significado muchos sacrificios ayer, y tal vez muchos más mañana, pero que eso no les detiene.

Desde el niño, hasta la señora tienen energías para levantar la cortina, abrir su negocio, y con una sonrisa y un «buen día» van haciendo agradable el pasar.

Mientras atravieso las aún calmadas calles, escucho voces que expresan sus necesidades, alegrías espontáneas, llantos de niños que aún no han desayunado, reclamos de padres, ofertas de ventas, o pláticas de mayores que añoran el pasado.

Ventas de ropa, de comida, de trampas para ratones, hierbas que curan todo mal, artesanía hecha con manos privilegiadas: todo se vale cuando de ganarse el pan dignamente se trata, porque el hondureño es bueno, es emprendedor, de alma noble pero determinada.

Para trabajar en la segunda ciudad más importante de Honduras, no hay edad. Desde el niño, hasta la señora tienen energías para levantar la cortina, abrir su negocio, y con una sonrisa y un «buen día» van haciendo agradable el pasar.

¿Qué el hondureño es haragán? No, lo que tiene son pocas oportunidades muchas veces o desconocimiento de que estas existen, pero por falta de ánimos para trabajar no perece.

Siempre he creído que la mentalidad de un sampedrano, solo otro sampedrano la puede comprender. Desde que abrimos los ojos en la mañana estamos pensando en trabajar, en emprender, en salir adelante. El mejor reflejo de esto es esta gente que se encuentra en la zona del comercio, donde todos los días más que abrir su negocio, abren su alma con la esperanza de que ese día será mejor de lo que fue el ayer.

Al terminar mi recorrido, respiro, y recuerdo que no tengo ningún motivo para dejar de creer en Honduras y su gente, porque todos los días hay algo o alguien que me anima más y más. También asumo que el dejar de creer es igual a no creer más en mí misma y en mi capacidad de hacer algo porque la realidad de Honduras sea distinta.

La próxima vez que usted quiera sentir la patria o tomar el pulso de su gente, deje la comodidad, y el temor, salga a caminar por las calles de su ciudad, platique con la gente y en sus voces y miradas encontrará muchas razones para construir la Honduras de oportunidades que es responsabilidad únicamente suya y mía.

Elena Toledo
Autor:
Pedagoga por formación y especialista en social media por convicción, Elena es una apasionada del desarrollo social y derechos humanos. Cree que el periodismo ciudadano es la mejor forma de dar voz a quienes no la tienen. Espera mostrar la mejor cara del país a través de Buen Día Honduras.

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